Ni cuando vi cantar a Mike y a Tina vi tantos dientes como ayer a lo largo de 24 horas mas o menos. Por setenta días me abstuve de hacer comentario alguno acerca de los mineros chilenos (mas un boliviano)por temor de que ocurriese algo y por fin, ayer ocurrió algo. Algo bello que se llama vida.
Es cierto que hubo llantos (pero eran llantos de alegría) pero yo solo vi dientes y mas dientes porque si alguna cosa saben hacer bien nuestros hermanos chilenos es sonreír. Y no era para menos.
Desde el primer alunizaje, no había yo permanecido "pegado" al televisor por tanto tiempo. Debo reconocer que fue gracias a Telemundo y a CNN que logre ver ininterrumpidamente el rescate (de a uno por uno) de los 33 mineros. Que evento mas glorioso, estaba yo feliz recuperando poco a poco la fe que a veces se extravía por mil razones pero que encuentra el camino de regreso gracias a eventos como el de ayer.
Y que no le cuenten, que no le digan... que si la suerte, que si la tecnología, que si el liderazgo, que por equis o zeta el grupo de mineros logro sobrevivir sin incidentes tratando de vivir la novela de Verne. En realidad, pienso que estos hombres (léase HOMBRES, si, con mayúsculas)lograron salir sanos y salvos se debió exclusivamente a que cada uno de ellos tiene unos h... bien puestos y del tamaño que bueno... en hora buena.
jueves, 14 de octubre de 2010
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