Hace ya algunos años, practicamente corrí, gasté un buen billete y compré el dichoso Atari acompañado de pac-man, asteroides e invasores del espacio. Jugué no más de media hora y el dichoso aparato con todo y accesorios pasó a formar parte de la infancia de mis hermanos menores.
No resultó ser para mí. Es que yo soy de la generación de las canicas, el trompo, los cowboys y los papalotes en verano y otoño; los inviernos eran de rompecabezas, ajedrez, canasta uruguaya, dominó y cuanto juego de mesa se puedan ustedes imaginar.
Hoy, me admiro de cuanto han cambiado los juguetes (los de los niños y los de los adultos), me da risa la publicidad de los autos, por ejemplo, el tablero de los mismos no es otra cosa que un campo de juego. Botones por aqui y botones por allá, que si traen DVD, super estereo, localizador, etc. ni quién se preocupe por cuantas millas se obtienen por galón, ni quién se acuerde de que el carro usa llantas 20 hasta que hay que reemplazarles y gastar un buen billete. Los niños igual, desean juguetes estúpidos que contengan muchos "controles" y que realicen ruidos extraños, donde el reto por lo general es cuanta gente aniquilas en el menor tiempo posible.
Creo que el juguete favorito de los adultos jovenes de hoy es definitivamente el teléfono. Que saque fotos y videos, que se conecte a la red, que de música y que te diga hasta que día te vas a morir.
Los pabellones de nuestras orejas tienden a desaparecer de tanto aplastarlas con los dichosos aparatos, la gente los emplea de más y en realidad ni cuenta se dan, ni les importa, el tiempo y el dinero que se gasta de una forma tan absurda. Para muchos, no traer celular equivale a una especie de desnudez mental moderna, a una desprotección social aterradora.
En fin, no sé hasta donde iremos de llegar con toda esta nueva tecnología y francamente me importa un serenado cacahuate solo lamento estar viejo y ya no poder echar a volar un papalote.
domingo, 27 de junio de 2010
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